La familia


Además de cuerpo, somos alma (seres humanos en general) y espíritu (en el caso de los creyentes), por tanto atados al infinito, a la inmortalidad.

Pero también somos cuerpo, que es limitado (no trascendemos más allá de nuestras posibilidades palpables, visibles, etc…), corruptible (en cuanto al pecado), pasible de muerte (cuando nuestro organismo ya no responde correctamente y sus funciones se debilitan) y destrucción.

El cuerpo en sí, trae un instinto que anhela de manera vehemente el infinito, al poder completo, la inmortalidad. Ese instinto es el recuerdo de cuando nuestros primeros padres estaban en el jardín de Edén y podían tener la posibilidad de vivir ilimitadamente para cuando tuvieran acceso al fruto del árbol de la Vida.

La creación nos ha brindado un elemento natural para trascender nuestra propia muerte, para perpetuarnos más allá del final físico: el procrear, el ir dejando una parte de nosotros que irá perdurando a través de los años.

Así es, cuando damos vida a nuestros hijos, estamos también traspasando algo de nuestro ser hacia la posteridad, para ir burlando a la muerte, plus ultra del final corporal. Nuestras obras que dejemos en vida, son testimonio, pero nada comparado con la educación que le dejemos a nuestros hijos, ese será nuestro eterno reflejo en la sociedad.


Créditos de fotos e imágenes
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  • Extended family with roots in Cape Town, Kimberley and Pretoria, South Africa, By Henry M. Trotter at English Wikipedia - Transferred from en.wikipedia to Commons., Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1673062